¿Para qué tomarse el trabajo de narrar historias a viva voz?
En el video encontrarán algunas ideas para responder a estas preguntas y hacia el final, unas pocas recomendaciones para elegir relatos que los animen a tirarse a la pileta.
Acá va un video que filmé para el colegio Etcheverry Boneo. Van a encontrar una lista de ideas para preparar un texto oral. También van a ver aros grandes, un "sweatercito" en un día de mucho calor y el pelo no tan bien peinado, pero bueh, cosas que pasan.
Espero que les sea útil!
y vemos piernas plantadas, mentón hacia arriba, manos en cintura,
y sonrisa a campo traviesa de una cara a tranquera abierta"
El cuerpo necesita peso para poder volar
Nuestros cuerpos pesan y se pesan. Ocupan el escenario para contar la historia. Son dibujos hechos de una tinta que se escurre para que los ojos también escuchen.
A veces nos sentamos para transmitir que queremos estar cerca y que tenemos tiempo para lo íntimo.
Y otras elegimos quedarnos de pie para ser como los artistas de las plazas y soltar las palabras como si fueran malabares.
Desde el primer momento hablamos con nuestra postura, la manera en que nos ubicamos
en el espacio al contar un cuento es la primera señal que damos a los oyentes.
Dora Pastoriza de Etchebarne contando un cuento a chicos de jardín de infantes.
Ella decía que la silla era un recurso para marcar la intención de quedarnos junto a los oyentes.
Nuestros movimientos modifican el relato, las palabras no suenan iguales si alargamos las manos o si nos encogemos. La manera en que nos mostramos se vuelve escena. El relato es también nuestro cuerpo.
"Hay días" de María Wernicke
Ser conscientes de que ocupamos espacio y que nos movemos nos vuelve cuidadosos. Tenemos que lograr que voz y cuerpo se escuchen como una sola cosa. También que el espectador encuentre su propio lugar en medio de nuestro juego.
Somos aprendices de gacelas. Buscamos que los movimientos aparezcan de manera precisa. No queremos agobiar al oyente con excesos ni tampoco apagarle el deseo con un cuerpo que no se sabe la historia.
El cuento-piel
Para buscar afinar esta conversación es necesario pasar el cuento muchas veces, dejar que se vuelva piel. Sentirlo desde adentro y que se borde en punto cruz a los sentidos.
Es que si el cuento no se suelta desde lo profundo, no vale la pena contarlo.
¿Para qué hacer perder el tiempo al otro con un relato que no quisimos tocar?
¿Qué densidad va a tener la historia si no la dejamos vagabundear por nuestras vísceras?
¿Para qué compartir un cuento sin cuento?
Los relatos verdaderos no se guardan en la cabeza, nos recorren por las venas y se van transformando con nuestra vida.
Puerta de salida
Los invito a pasear por relatos relatos en donde el espacio se habita de diferentes maneras.
Valeria Pardini cuenta de pie al lado de un kamishibai la historia de una pareja que se quiere a pesar de las cacerolas y los conejos que se tiran un día por la cabeza. Ir al video
Ana María Bovo de pie en el círculo rojo de las charlas TED da vida a tres fotorrelatos Ir al video
Alberto Laiseca sentado en un cuarto iluminado con una lámpara que viene de arriba cuenta "El brujo postergado" dándole un tono de terror Ir al video
Acá con ustedes un nuevo texto para compartir. Es de esos cortos y con mucho té y medialuna. Lo pensamos con Johanna Palmeyro en varias tardes de barcitos de esos que tienen internet y enchufe para computadoras con problemas de batería.
De qué trata?
Es un banco de ideas que busca ser bolsa de caramelos para llevar en mochila o bolsillo grande.
Adentro van a encontrar propuestas para visitantes de diferentes estilos.
Pasen y agarren lo que les guste.
Vale interesarse por una idea y googlearla.
Vale escribir a los que la diseñaron.
Vale leer todo y quedarse en silencio.
Vale abrir el texto mientras se come un sanguche de salame.
Vale, también, guardar el artículo en una carpeta para leerlo algún día.
Lo que no vale es creer que los museos son solo para algunos y que faltan las maneras a la hora de abrir la puerta y dejarnos conmover por los otros.
Ilustración de "Donde viven los monstruos" de Maurice Sendak
Empezamos el cuento cuando el silencio abre el vacío,
cuando el que está del otro lado nos marca
que ya está listo para subirse.
Y para lanzarnos al riesgo nos tomamos de la mano
de nuestra mirada porque la sabemos capaz
de tejer cintas con los que están escuchando.
El cuento es frágil.
Necesita una red que sepa acunarlo.
Enfocando para poder caminar
Miramos para decirle al otro que estamos ahí por él o por ella. Que nos subimos al escenario para regalarle algo que nos atraviesa. Que no llevamos más protección que su presencia y que ese día es diferente al anterior.
Fotografía de Steve McCurry (es la misma niña afgana de la famosa fotografía de National Geographic.
Esta iba a ser la portada, pero se descartó)
Dejamos que el alma se nos escape por las pupilas y nos bebemos la fuerza de los ojos de los que están “viendo” nuestra historia. Estamos ahí con ellos, jugamos un juego de contacto. Nos saltamos la valla para que la historia llegue también a los lugares mejor guardados de las mentes y los corazones.
Miramos y nos dejamos mirar. Nos tocamos en medio de ese espacio que nos separa. Vemos juntos y vamos juntos. Compartimos lo vulnerable para lograr una fuerza que nos deje atravesar desiertos y amores contrariados. Estamos ahí con los bolsillos llenos de nosotros mismos y nos animamos a compartir lo secreto. Titilamos en los ojos y espantamos la soledad por un rato.
Ilustración de Roberto Inoncenti
Nos posamos en los ojos ajenos y también nos alejamos cada tanto. Por momentos cerramos el velo de los párpados y callamos la mirada. Quizás para contar las vergüenzas o para tomar aire. Tal vez para dar paso a otros sentidos o para que el amor pueda tomar la densidad que le toca...¿Cómo no mirar para adentro para contar la muerte? ¿Cómo no cerrar los ojos para oler la carta recién recibida del amado? ¿Cómo no bajar la cabeza entera cuando se confiesa lo prohibido?
Dejamos que los ojos se nos vayan de viaje a encontrarse con los otros. Nos animamos porque sabemos que nos vamos a ir llenos de historias nuevas y porque en las miradas ajenas encontramos imágenes de nosotros mismos.
Pastillas del final (si son DRF de naranja, mejor!)
En el cuento "La creación" Nicolás Buenaventura cuenta todo el tiempo con los ojos cerrados. Ir al video.
En esta charla TED Ana María Bovo habla de "Narrarse la vida como quisiéramos vivirla". Ir al video
No se pierdan las miradas y los silencios de la película polaca "Ida". La pueden ver en Netflix.
El relato final de la película "Cigarros" de Wyane Wang sobre una mujer ciega es maravilloso. Me encanta el juego de la verdad y la mentira, del ver y no ver. Ver un resumen en youtube
Parte 1 Afinar para que el corazón pueda sonar más claro
Para que el cuento pueda deslizarse con suavidad es preciso tener el cuerpo dispuesto y la palabra lista. Que los gestos y la voz construyan una coreografía llena de sentidos. Un baile en donde los pasos y las frases se alternen con delicadeza…
Narrador de kamishibai-Japón
El secreto está en practicar para escuchar, y en escuchar para practicar. Por eso los narradores nos llevamos tan bien con el “otra vez” . Sabemos que en las repeticiones vamos amasando las ideas y volviendo al relato más propio. Vamos ajustando detalles, sacando lo que está de más, eligiendo lo que nos es más cómodo, agregando retazos viejos…
No es de extrañar lo que cuenta Walter Ong, el gran pionero en investigar sobre la oralidad, sobre unos bardos analfabetos que se alejaban del mundo antes de contar un cuento nuevo. Necesitaban dejar que la historia se mezclara con ellos mismos, que su pasado y sus saberes se fundieran con ese relato desconocido.
Narradora en algún lugar de África
La técnica tiene que estar íntimamente cosida al corazón. Las ejecuciones dramáticas del narrador deben venir desde lo profundo para que las acciones sucedan precisas y sean capaces de tener vida propia. Prestar atención a algunos elementos que participan de la escena de narración es una manera de poder afinar nuestro estilo y ampliar las posibilidades expresivas. Es pensar el cuento en movimiento y poder decidir los sí y los no de nuestro relato.
"...toda lectura tiene raíz en el oído" dice Aidan Chambers y cuenta de su abuelo minero capaz de contar leyendas como si fueran ciertas, de la maestra de primer grado que relataba historias de la Biblia, de su mamá que al ver que el hijo tardaba en aprender, leía en voz alta los textos.
Tres voces distintas que salían sopladas de labios distintos y que sonaban de manera distinta. Que se organizaban en torno a ritmos distintos y que tenían volúmenes distintos. Grave, agudo, soprano, soprano, grave, tres maneras de entibiar la palabra para que llegara a punto a los oídos de ese niño que no sabía todavía que no iba a poder abandonarla nunca.
Los relatos no empiezan nunca en la escuela. Tampoco cuando se aprende a leer. Arrancan con las historias cotidianas de las casas y con los arrullos de la noche. Desde que nacemos escuchamos relatos en forma de anécdotas y de canción infantil. Aunque no sepamos todavía lo que dicen las palabras, sentimos las emociones con todo el cuerpo. Entendemos de qué viene el relato y nos dejamos tocar por cada frase.
Los cuentos nos vienen de lejos y tienen sabor a abrazo.
Como si fueran en sí mismo un fuego, los cuentos tienen que ver con el calor y la calma del final del día.
Cada vez que escuchamos un relato
dejamos afuera los problemas
y nos abrigamos con los mundos lejanos,
somos campesinos sentados cerca del hogar después de las faenas del día...
Nos dejamos atravesar por la palabra
para que nos proteja y nos transforme,
nos devuelva la temperatura
y nos anime a ser diferentes.
El piso, de tierra. Las ventanas, de cara al sol. Una pared empapelada de palabras borroneadas El techo con hilos de los que cuelguen papeles, semillas, regaderas, biromes y gotas de lluvia. Otra pared con una cita de Mauricio Kartun (2010) que habla de la escritura y la jardinería. (el cartel resultaría más largo de lo que recomiendan los expertos en museología…Habría que ver cómo se resuelve…)
Para ser feliz un rato, emborracharse. Para ser feliz una semana, hacer un viaje. Para ser feliz un año, casarse. Para serlo toda la vida, cuidar un jardín. Así dicen los chinos, tan proverbiales siempre los tipos.Grandes, los chinos. Una verdad grande como un ombú: de nada disfruto tanto como de la jardinería. Y nada le va mejor, estoy convencido, al trabajo del escritor. Le siguen, cerquita, los gatos, pero quedan segundos ahí: jardín y escritura son el par maestro. Y analógico: crear una pequeña utopía y habitarla. Recorrerla a diario metiendo mano aquí y allá. Sembrar. Componer. Podar. Sacar hojarasca.
Mauricio Kartun
No hay nada de lo que hago con las manos en tierra que no encuentre su semejante con las manos en tinta. Y encima se alternan en secuencia deliciosa. Dejar el papel para ir a la tierra y volver al papel. Creo mucho en la mano verde. No es un invento de las viejas ni una cursilería. Es el contacto profundo y paciente con lo lento y lo silencioso. Nada de quieto ni mudo: eso es ingenuo. Se mueven y hablan, sólo que hay que saber escuchar y tener paciencia. Saber escuchar y esperar el crecimiento de una imagen: de nada sabemos mejor los dramaturgos. A lo que llamamos allá mano verde, le decimos acá buena pluma: gemelos separados al nacer. Retoco la proverbialidad oriental: Para ser feliz toda la vida, cuidar un jardín mientras escribo. (Kartun, 2010)
Cada visitante se sacará los zapatos y podrá hundir los pies en la tierra para plantarse durante un rato. Con los pies embarrados deberá sentarse a escribir siete versiones de un poema que invente en el momento.
Después plantará una semilla y al lado guardará los escritos en una caja para que sus palabras arrullen a los tallos que van a nacer. Deberá volver a la sala al menos una vez cada dos días para agregar más versiones del poema y cuidar a su planta.
Cuando nazca la primera flor, escrituras y plantas serán liberadas para que cada quien pueda seguir su rumbo. Los papeles pueden volar a encontrarse con lectores, la planta, viajar en maceta a un banco de plaza para que la lleve quien la necesite.
Nota: La suelta de textos puede ser resuelta con avioncitos de papel. Tal vez la escena de "Los amantes del círculo polar" venga bien como inspiración (ir al enlace) y si no el cierre de "Los coristas" en donde el maestro deja la escuela (ir al enlace)
"Padre" Video de una mujer con un tiempo muy particular
Santiago Bou Grasso
Las historias se cuentan en pasado. Las de la vida, esas.
Pero me olvido de eso tantas veces...
Me creo hacedora de mi destino y confío en la tinta del esfuerzo.
Si hago así, si hago asá, el resultado será el zapato del punto justo en mi pie.
Pero no.
A la vida nunca llegan los finales de postal
Y una se enoja y patea y dice que no vale y que no es justo, que ahora tocaba el príncipe o el castillo, y en cambio tiene que vérselas con una factura de gas o de manteca.
La Casa Lis
Conocí esta casa en 2010. Un viaje por trabajo de marido y todo el día para pasear.
Entré porque me encantó la puerta de rejas curvas en medio de una calle cerrada. Adentro me encontré con un museo lleno de objetos y una casa que era en sí misma una colección...
La sala de la historia
1 Hombre rico decide construir casa al estilo moderno. Busca poner en marcha lo que aprende en sus viajes y la riqueza de su curtiembre. Esposa también opina y pide muebles y ventanas y cortinas y molduras y sillas y camas... ...de princesa antigua. Marido acepta, o casi.
2 La pareja se fotografía sonriente en salón comedor. El diario apenas levantado y la mirada baja de de ella son los punctums de la escena. La felicidad dura solo cuatro años.
Él muere.
Su vida de dueño de casa le lleva menos tiempo que el de levantar sus paredes.
3 Pasan dueños sucesivos y finalmente llega el abandono. No quedan más estatuas, se queman puertas de madera y aparecen excrementos en los rincones.
La invención del museo se presenta como rescate de un tiempo o de un sueño que apenas se pudo paladear.
La sala de las muñecas
Las muñecas están en vitrinas. Parecen atrapadas. Estampadas en escenarios blancos una al lado de la otra como frascos de alacena.
Llaman la atención las caras suaves y los vestidos sin manchas. ¿Eran muñecas para niñas o reliquias de las madres?
Impresionan los intentos de fabricantes por lograr la cara perfecta. Muchas parecen monstruos o mutantes o cocodrilos de porcelana que algún distraído dejó entrar a su casa sin imaginar las posibles consecuencias.
La sala donde Josephine Baker se pasea con pollera de bananas en medio de gente prolija
Su foto es grande y está pegada en la pared.
Baila en blanco y negro con sonrisa que llega hasta la última fila.
Los hombres de ahora miran en sus ojos a los hombres sentados en las butacas de algún teatro.
Su cuerpo alto y bravo aparece al traspasar una cortina roja.
El color del pecado se filtra en medio de las líneas finas de la casa.
¿Por qué calla el fantasma de la dueña? ¿Quién dirige la partida ahora?
La sala de los viajes
Hay una confitería con ventanas que dan al río Tormes. Sí, al del Lazarillo.
A ese río que parecía de papel amarillo en la voz de la señorita Pájaro y que ahora es azul, verde y cristal transparente.
Me subo a la carta de tés y leo que hay hebras de China y de la India. Huelo a barcos y a cajas de cartón transportando las hojas secas. A mujeres vestidas con colores y a hombres con sandalias.
Me pido el sabor que suena más exótico. Me siento Gulliver en el país de los gigantes y me sumerjo en el naufragio de las pequeñas hojas oscuras que flotan en mi taza.
Hace rato que no escribo. Paso por un silencio lleno de palabras que en algún tiempo con tiempo empezaré otra vez a coser (o "cocer").
Por el momento va una invitación a participar de la Diplomatura de Educación en Museos en la que soy profesora. Sé que la inscripción cierra a fin de abril así que ahí van los datos para los que quieran explorar. Nos vemos pronto! Ir a la página de la Universidad
Y una se cruza con el amor y se queda ahí hecha un ruido,
aterida de la noche y aterida de la vida.
Y el terror aprovecha la volada y ocupa todos los sillones de la casa.
Y una se lo queda mirando y quiere sacarlo a escobazos,
pero apenas le sale una voz como de sopa.
Por eso una elige el silencio y se queda quieta
esperando que se vaya por alguna ventana
o se disuelva en algún vaso con agua.
El Museo de la Inocencia es un libro de Ohran Pamuk y también un museo.
Curiosamente el museo fue imaginado antes que el libro. Este año ganó el premio al museo europeo del 2014. ¿El tema? El amor. Pero no un amor de estampita. Más bien un amor que tiene poco de inocencia.
Paso 1
Estoy frente al museo. Ya sé que es una casa que compró el mismísimo Ohran Pamuk en el barrio de Estambul en donde transcurre la novela. Empiezo a leer el libro en la calle. De pie. Con el cuerpo bien recto. Las primeras letras en voz alta y el resto murmuradas. De repente escucho que lo de adentro me llama. Cierro el libro. Entro con paso lento y como de sacramento. Sé que voy a olvidar mi nombre una vez que las voces me envuelvan. Apoyo el ejemplar en el piso y dejo evidencia de que antes fui alguien que leía y que está a punto de desaparecer.
Paso 2
Uso cámara de fotos para captar cada gabinete. A algunos les saco varias fotos, especialmente a los que hablan de la rabia y a los que marcan el paso del tiempo.
El de la nena andando en triciclo lo miro nada más. Sé que no voy a poder captar lo que veo y prefiero quedarme con lo que mis ojos recuerden.
En mi cuaderno de notas escribo un propósito: "Armar una escenografía con mis recuerdos en la pared del living de mi casa, de algo tienen que servirme los papeles de chocolates regalados."
Paso 3
Me robo algo del museo. Como el protagonista del libro,
saco algo que no me corresponde.
Lo escondo en la manga de la camisa.
Me hago la disimulada para que nadie lo note y camino
como mirando las repisas.
Asiento frente a algún cartelito y comento con algún guardia lo maravilloso que es todo.
Que me encanta el lugar, que me fascina, que me enamora.
Nadie va a sospechar si soy capaz de esconderme a la luz del día. La clave para no ser descubierta es dejarlo todo al descubierto.
Paso 4
Colillas de cigarrillos fumados por "ella"
Lloro por amor un rato. Por los desencuentros y las pérdidas. Por los gritos y los silencios eternos. Por las dudas y los acantilados. También lloro por la inevitable humanidad que sufrimos los amantes.
Esa desamarañez a la que estamos condenados y que nos acerca tanto a los muñequitos rotos del fondo de cajón de juguetes. Dejo en el libro de visitantes una nota: "El museo es lindo, pero no se ve la inocencia prometida en ningún lado. En la tienda deberían venderse pañuelos de tela para quien necesite secarse las venas"
Paso 5
Repito el recorrido para volver a ver. Paso otra vez por los lugares favoritos y trato de aspirar lo que hay en el ambiente. No quiero salir. Aunque sé que la realidad es la otra, no quiero ir afuera. Prefiero quedarme en ese espacio donde los miedos quedan guardados en gabinetes. Pienso que tal vez pueda creerme que son historias de otros y que la mía no se le parece en nada. Pero fracaso en mi intento. De pronto unas llaves colgadas se me transforman en lluvia y me doy cuenta que mi yo ya se escapó por una rendija. Suspiro y me aprieto a mi bolso. En el tranvía vuelvo a acordarme de la boleta de luz que no pagué y de los regalitos que tengo que comprar antes del avión.
Paso 6
Al llegar a casa llamo
a mi amiga Silvia Paz
(esa que sabe cómo hacer para que los frascos
o los botones se conviertan en cuento)
y le muestro las fotos
del museo.
¿A dónde lleva el camino de los tomates, ese que hace que las conversaciones se vuelvan ramas?
Hace poco estuve en la biblioteca "Juanito Laguna" y me volví con mi cuaderno de apuntes lleno! Para el que no la conoce es la que soñaron y pusieron en marcha Marcela Carranza, Roberto Sotelo y Marta Polimeni.
Funciona en una de las sedes de UTE, el sindicato docente, y estas son algunas de las cosas que no me quiero olvidar
Los libros están puestos como panecitos en una vidriera
Los muebles tienen puertas que sirven para exhibir libros, son puertas que están abiertas mientras funciona la biblioteca y que se cierran cuando hay otras actividades en el lugar. En cada una de ellas hay varillas que sostienen los ejemplares y un elástico que no deja que se caigan.
También hay una estantería baja y de color azul que solo se usa para mostrar textos. Los libros se apoyan sobre atriles y van cambiando según quién venga de visita...es que a los visitantes se los espera con el plato preferido y el mantel ya puesto...
Las ramas de los libros pueden llegar a marte o a Uruguay
Cuando alguien dice buscar un libro se le ofrecen también otros. Los bibliotecarios proponen más textos de los que se les piden tratando trazar puentes o líneas imaginarias entre unos y otros. Como si las conexiones fueran necesarias para escaparse a otros espacios desconocidos que tanto saben de nosotros mismos.
(Estos son algunos de los libros que se me mostraron ese día:
“Una casa para el abuelo”- acá la muerte se acomoda en la vida como un zapato en su media,
“Millones de gatos”- un poco de humor negro para un relato más antiguo que la editorial que lo vende
“Poe.Cuentos de imaginación y misterio”- los grabados llenos de detalles y el trasfondo de la muerte del ilustrador por intoxicación con plomo como espejo de los terrores del escritor
“Caperucita” de Adolfo Serra- un espacio y un tiempo en donde lo rojo y lo negro cuentan la historia en primera persona)
El préstamo es fácil y todos los libros pueden irse a casa
Una fotocopia del DNI y listo. No hacen falta boletas de luz ni recomendaciones ni garantes. Los que se hacen socios saben que cuentan con la confianza. Además no hay libro especial que no pueda salir y hasta el ejemplar más caro se puede prestar. Todos los textos están a la mano para ser abiertos y compartidos porque no hay nada peor que tener la desgracia de ser importante y que nadie quiera tocarnos.
La compra de libros se parece más a la búsqueda de un arqueólogo que a la de un oficinista acostumbrado a apretar botones
Muchos de los libros que están en la biblioteca no se consiguen en las librerías comunes. Se conocen de lecturas de algún viaje, de reseñas extranjeras o de haberlos leídos de chico, pero no están en los catálogos cercanos ni se sabe bien por dónde dar con ellos. Buscarlos es como tratar de encontrar la dracma perdida, es soñarlos despierto hasta dar con su paradero. Por eso hay muchas compras que obligan al celular y a los gritos de euforia "¡¡¿A que no sabés lo que acabo de encontrar?!!" para contar que por una de esas casualidades la colección completa de "tal" estaba en un puestito olvidado o que ese libro "cual" de 1940 apareció en la casa de una tía que no se visitaba hace años.
La edad no cuenta a la hora de elegir lecturas
Los libros tienen una organización abierta y el único sentido es orientar la búsqueda. Un eje es la temática y otro la complejidad de los textos, pero no hay marcas que restrinjan la elección.
Un chico muy chico puede mirar un libro ilustrado de Poe y un adulto enterarse de las aventuras de Pedro, el conejo de Beatrix Potter. Nadie puede saber de antemano lo que nos gusta y lo que no.
Puerta de salida
Les dejo el blog y la dirección de facebook. Ahora están en plena mudanza, pero en cuanto haya lugar nuevo ¡nos vamos a enterar!
Yapa Va este fragmento de la entrevista que le hice a Marcela Carranza y que acaba de salir publicada en la revista "A construir"
"A mí no me interesa ser la única que conoce que fulanito existe. El “guetito” de sabios no me interesa. Quiero que la mayor cantidad de gente conozca que tal libro o tal autor es interesante. Para que lo trasmitan y los chicos que tengan cerca se enteren desde chiquitos, no de grandes. Me gustaría que estos libros no se queden quietos y que los lleven, los lean, los gusten y los miren…creo que el encuentro que proponen los libros es una manera de que grandes y chicos disfruten juntos, creo en la literatura como felicidad compartida."
El Teatro del Pueblo, Catalinas Sur, Timbre 4, Alternativa Teatral y La Trama unen esfuerzos para esta iniciativa, un modo de buscar a quienes “no tienen la perspectiva de verlo y disfrutarlo”.
Un grupo de artistas, pedagogos, gestores culturales y productores ideó una propuesta con el objetivo de crear –no de formar, sino de construir de cero– un público para el teatro, la danza y las artes visuales: Carrusel. Se trata de un “programa pedagógico de acercamiento y mediación a los lenguajes artísticos contemporáneos de la ciudad de Buenos Aires”. El Teatro del Pueblo, el grupo Catalinas Sur, Timbre 4, Alternativa Teatral y La Trama se unieron en esta iniciativa, que pondrá a disposición de empresas, clubes, sindicatos, agrupaciones e instituciones educativas una programación en horarios no convencionales. Los artistas buscan, entre otras cosas, que los que no fueron nunca al teatro tengan su primera experiencia. El proyecto está pensado para niños, jóvenes y adultos.
Se realizó un encuentro taller para desarrollar experiencias educativas
Se realizó el pasado sábado 17 de mayo en el Museo de Arte López Claro una jornada libre y gratuita intensiva para desarrollar experiencias educativas en relación a lo que se puede hacer en el ámbito educacional antes, durante y al regresar de una visita al museo con estudiantes.
Este encuentro taller estuvo a cargo de Mercedes Pugliese y Florencia González de Langarica, integrantes del equipo Red de Educadores de Museos y Centros de Arte de Argentina (REMCAA). El encuentro de formación tuvo una duración de 6 horas de trabajo en taller. Docentes de todas las áreas, profesionales y estudiantes asistieron a este encuentro en el que se realizaron variadas actividades en las que se tuvo como eje central el trabajo que se puede hacer desde el aula en las visitas a los museos. Ir a la nota online