7/7/20

Chimanguear

Chimanguear: 
1.Tironear algo para sacarle jirones.
2.Comer de un mismo plato desordenadamente.

Chris Van Allsburg: Los misterios del señor Burdick - Cultura Bizarra
Una página de un libro ideal para la lectura "chimangueada":
"Los misterios del Sr Burdick" de Chris Van Allsburg

Lo de “chimanguear” lo tomé prestado. Marido tapalquenero y una palabra que apareció en la familia una tarde en que nuestro hijo comía a pellizcones un budín. Me gustó la imagen y me la guardé en un bolsillo. 
Hoy la saco a la luz un rato para conjurar mi costumbre de leer a mordiscones. 
Me gusta esa forma salvaje, sin orden y sin permiso. Esa manera de preferir el repulgue antes que la carne. Esa manera torpe, atropellada, atada a las vísceras del momento. Esa manera que se sumerge en picada a las palabras para sacar apenas un jirón .
Claro que no siempre es así.
Claro que hay días más días que otros. 
Me basta con reconocer su identidad agazapada y a la espera.

29/6/20

De poderes y demás

Y en tiempos... de familias dando clases y maestros a la distancia me pregunto por el poder en el  sistema escolar. Tantas veces pienso que no podemos salirnos de la pirámide de "pocos mandando a muchos", de ese regimen con sesgo militar en donde pareciera que solo hay cocardas luminosas para los que "ascienden" y obediencia sumisa para los que están abajo... una forma que parece sagrada y acuñada "para siempre"...

¿Qué pasa con la voz del docente? 
¿Y con los aprendizajes de los chicos en sus casas?
¿Dónde quedan esos logros, saberes y preocupaciones? 
¿El sistema es el que no escucha 
o los maestros y alumnos que no creen en ellos mismos? 

Quizás sea cuestión de dejar de copiar frases bonitas sobre la democracia y ponerse en acción para que las voces compartidas sean una realidad... No hace falta librar batallas ni marchar con la voz en cuello... Basta con dejar de lado el miedo a perder el control y empezar a ejercer la horizontalidad ahí donde estemos. Arriesgándonos a la palabra del otro y saliéndonos del lugar cómodo de "ya-lo-sé-todo". Arriesgándonos a argumentar las ideas aunque nos digan que no valen o no sirven o que nos falta leer el último libro de pedagogía...
Las zapatillas saben lo que los libros no. Los libros saben lo que las zapatillas no.
Un poder compartido permite que la praxis de Freire pueda ejercerse a sus anchas.

Nelson, un inspector de 1900 puede servirnos de inspiración. Propuso una reforma en 1915 que quedó en un cajón, pero que sigue ahí para hacernos acordar que la escuela es un invento y que siempre podemos volver a dar las cartas:
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Ernesto Nelson

"...las deficiencias de nuestros profesores se han exagerado en extremo si a ellas se imputa la to-
talidad de nuestros presentes males ya hemos visto cómo el sistema actual, en el que estamos todos aprisionados, limita la acción del profesor y solo permite que se muestre apenas la de aquellos
espíritus demasiado sobresalientes como para romper las trabas del sistema y ca-
paces de imprimir a su enseñanza un sello personal y netamente educativo." (Nelson, p103)

Hemos recibido, en efecto, de nuestros antepasados, la simiente de una planta
que no prospera sino en suelo hondamente preparado; que no arraiga si las masas
populares no están empapadas del verdadero concepto de la libertad.
La democracia es en realidad el gobierno del individuo: él es, en definitiva, el
protagonista de la historia. (Nelson, p 43)

Es preciso acostumbrar al hombre a ser árbitro de sus destinos, 
ya que vive en una sociedad democrática donde
cada uno es, o debe ser, el fruto de sus obras. Es preciso crear y educar en el niño
el sentimiento de la responsabilidad por su suerte futura, el interés por sí mismo,
que hoy descuida sabiéndose en manos que ya lo han previsto todo por él. (Nelson, p102)




26/6/20

¿Para qué los museos ahora?

Y en estos días me pregunto...
qué rol tienen los museos en este tiempo de cuarentena? 
Qué es lo que de verdad estamos buscando 
y ellos nos pueden ofrecer? 

¿Queremos reconectar con nuestros ancestros para sentir que nos palmean las espaldas?
¿Queremos vivir experiencias de esas que, como dice Jorge Larrosa, nos sacan del lugar común y nos llevan a terrenos desconocidos?
¿Queremos conversar de una manera más potente entre conocidos y extraños poniendo en juego eso de “lugar seguro para preguntas inseguras” que nombra Elaine H. Gurian?

No lo sé. 
Alguna respuesta encuentro en la torre de Montaigne. Esa donde se encerró tantos años a escribir sus ensayos en medio de las guerras de religión en Francia. Si hay algo que impacta de su historia es saber que en los tirantes del techo había escrito las frases de poetas antiguos que más lo conmovían . Esas palabras lo acompañaban cada día cuando se sentaba a escribir. Estaban ahí abiertas, seductoras, presentes, cobijantes, húmedas, interpeladoras, envolventes...Y probablemente tuvieron mucho que ver en su manera de atravesar el dolor...Ese dolor que apenas nombró por los bordes, pero que habitó desde un lugar personal y lleno de vida en medio de la muerte. Un modo en donde la imaginación y el silencio exterior también fueron de la partida. 

“El siglo en que vivimos, por lo menos en lo que a nuestros climas toca, es tan pesado de atmósfera que no ya la ejecución sino hasta la sola imaginación de la virtud es difícil” (Montaigne, Capítulo XXXVI Del joven Catón, 2011) 

Los caníbales de Michel de Montaigne. Rouen, 1562 – Hyperbole